miércoles, 17 de marzo de 2010

Zevran y Tzvi - Capítulo 30


Capítulo 30

Durante los primeros días dormía a intervalos muy largos, cuando no podía mas dormitaba hasta que mi miedo a perder a Tzvi me despertaba, por mas que Marethari intentara convencerme que si iba a ocurrir lo peor me despertaría, no podía dormirme, no por que desconfiara de ella, sino por que no quería perderme ni un segundo de poder estar con Tzvi.
Shiani venia a traerme la comida, ya que me negué a abandonar el Aravel para ir a comer, después del segundo día la piel de Tzvi fue mejorando visiblemente, las ampollas se habían reducido, pero la temperatura de su cuerpo seguía muy alta, así que me sentaba en el suelo al lado de su cama o compartía su cama y esperaba a que mejorara, soy optimista que lo vamos hacer, al termino de la semana su piel se veía limpia de ampollas y Marethari me seguro que el peligro de que muriera había pasado, que solo era cuestión de poco tiempo que despertara casi recuperada.
Nos trasladaron a un Aravel que compartíamos con una pareja de cazadores, también estaba Shiani en el mismo Aravel, pero la Custodia venia varias veces al día para volver cuidar y sanar a Tzvi.
Se despertó la mañana del sétimo día, cuando volví a ver sus ojos, pensé que moriría de alegría, estaba totalmente desorientada y muy débil, apenas habíamos podido darla de comer, beber si, pues la Custodia había conseguido que bebiera agua y algo de caldo, pero no comida. La acaricie la mejilla y la sonreí.
-- ¿Qué tal estas Tzvi?
-- Ahora que te veo, Bien – intenta sonreírme – Tienes agua, tengo sed, ¿Dónde estamos? – su voz suena ronca.
Le acerco el agua y la ayudo a incorporarse para que pueda beber.
-- Estamos en un Aravel del clan de la Custodia Marethari, tranquila estas entre amigos.
Intenta levantar la mano para ponerla en mi mejilla y apenas tiene fuerza para hacerlo, así que me acerco más a ella, cojo su mano y la pongo sobre mi mejilla, sonriéndola.
-- ¿Estas bien Zev? He pasado mucho miedo por ti.
-- Estoy bien, pero mejor no hablemos de miedo por favor, estas recuperándote, así que descansa. Vuelve a dormir mi amor o quieres que te traiga algo de comer, ¿te apetece comer algo?
-- No Zev, no tengo hambre, quiero abrazarte si pudiera.
Me acuesto a su lado y me abraza, la abrazo a mi vez, a los pocos minutos se ha vuelto a dormir, acariciándola la cara me duermo a su lado abrazados y por primera vez en muchos días duermo, hasta que Shiani me despierta para que coma, cuando me voy a levantar Tzvi despierta y me mira, mira también a Shiani.
-- Zev… ¿Shiani estas bien…?
La interrumpo y le digo.
-- Voy a buscar a la Custodia Marethari, ahora vuelvo.
Shiani la mira y luego me mira y sonríe.
-- Si estoy bien Tzvi… solo tú puedes salir de las garras de la muerte preguntando a otros si están bien. Aunque tu compañero lo ha pasado muy mal, realmente mal, bueno la verdad es que todos temíamos por ti, pero el que siempre ha estado ahí esperando y velando por ti ha sido Zev.
-- Si lo se, le he sentido siempre a mi lado. Zev siempre ha estado a mi lado, en todos los momentos, desde que nos conocimos.
Salgo del Aravel y me pierdo la conversación que tenia Shiani con Tzvi, pero tengo que ir a buscar a la Custodia, voy a su Aravel y le digo.
-- Custodia, Tzvi ha despertado, creo que podría comer algo.
-- Si, puede comer algo de sopa, ahora voy a verla.
Paso otras dos semanas hasta que Tzvi pudo salir del Aravel totalmente recuperada, me parecía un milagro cuando la vi de pie fuera del Aravel. Volvía a ser ella otra vez sin duda, me había hecho contarle todo lo que había sucedido desde la muerte del Archidemonio hasta el momento en que despertó, evite contarle lo que había sucedido en casa del Arl Eammon en Denerim, pero me imagino que Shiani se lo contó, por que ya lo sabia.
Shiani también había recogido las armas y la mochila de Tzvi, junto con mis armas, es curioso lo practica que es, en un momento en que no podía haber pensado nada, Shiani había pensado en todo lo que necesitaríamos si Tzvi se reponía, así que había cogido todo mientras yo iba con Tzvi en brazos. Aunque la armadura de Tzvi había quedado totalmente destruida, los cazadores la proporcionaron una.
-- Zev tenemos que hablar con la custodia y tengo que volver a Denerim, esto no puede quedar así.
-- No vuelvas Tzvi por favor, Alistair es el rey ahora y nos odia.
-- Lo se mi amor, se que nos odia, pero sino vuelvo, lo puede pagar con mi padre y con la elferia, debo volver y hacerle frente. No te diré, que no vengas conmigo, por que se que vas a insistir.
-- Por supuesto que iré contigo, iré contigo al fin del mundo, ya lo sabes.
-- Quiero despedirme de Shiani y de la custodia Marethari, después partiremos.
-- Cuando quieras, te sigo ya lo sabes.
Las despedidas fueron muy emotivas sobretodo la de Shiani, pero al final partimos hacia Denerim esa misma mañana. Hubiera deseado poder persuadirla de que no lo hiciera, pero sabía que su decisión era correcta.

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Shiani me había contado lo que había ocurrido entre Alistair y Zev, cuando intentaron sacarme de la casa del Arl en Denerim, sabía que Zev se había ofrecido a Alistair para que me dejaran marchar con la custodia y que este había querido torturar y matar a Zev.
No podía dejarlo así, primero por que no tenia ningún derecho hacer lo que hizo, segundo por que no podía permitir que tomara represalias contra los elfos Dalishanos, que eran los que me habían sacado de la casa, tercero por que su cólera podía caer sobre la elferia y tampoco podía permitirlo.
Debía volver y ponerle en su sitio, sobretodo dejarle claro que estaba viva y que si intentaba cualquier cosa moriría.
Las semanas que habíamos pasado con el Clan de la custodia Marethari había sido un sueño, pero había que despertar, quizás hubiera la posibilidad de que pudiéramos volver, pero no me hacia muchas ilusiones iba a enfrentarme al Rey de Feraldan.

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